Dos son las maneras como se puede celebrar comunitariamente el sacramento de la penitencia. En la primera, todo se hace en común, excepto la confesión de los pecados y la absolución, que se realizan de un modo individual. En la segunda, todo es comunitario, incluso la confesión y la absolución, que por eso se llaman generales

De todos modos, esta última forma de celebrar la penitencia se reserva para casos extraordinarios, cuando sea prácticamente imposible encontrar el suficiente número de confesores para escuchar las confesiones particulares de todos los asistentes y, por otra parte, sea muy conveniente que el pueblo reciba la absolución sacramental.

Los principales valores que tienen ambos tipos de celebración comunitaria estriban en el hecho de que aparece con diafanidad que la penitencia es un sacramento eclesial, que interesa a toda la comunidad y no sólo a los miembros individuales de la misma. Además, la proclamación solemne de la Palabra de Dios que tiene lugar antes de la liturgia sacramental propiamente dicha, pone de manifiesto que la conversión es fruto de la llamada de Dios antes que producto de la iniciativa individual de los penitentes.

Toda la celebración se desarrolla en un clima de oración y -)por qué no decirlo?- de fiesta y alegría, ya que se trata de expresar comunitariamente el gozo de haber sido perdonados por Dios y de habernos reencontrado con los hermanos, siguiendo el ejemplo del padre de la parábola del hijo pródigo que exclama: Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Fuente: Cofradía de la Pasión.




© Copyright 2008-2009 FJGG Internet S.L.U