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La hora
santa es una practica de origen divino. En una de sus apariciones a
Santa Margarita María de Alacoque Jesús le dijo:
"Todas las noches del jueves al viernes te haré participar
de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos;
tristeza que te reducirá a una especie de agonía
más difícil de soportar que la muerte. Y para
acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces
presenté a mi Padre, te postrarás con la faz en
tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de
perdón por los pecadores".
Se
trata por tanto de dedicar una hora a meditar los misterios cuando
Cristo se sintió sólo y débil, como
nosotros, y pide al Padre aparte el cáliz. Una hora para
acompañarle, como el Ángel del huerto, en cuanto
podemos, místicamente, junto al sagrario. Es una hora para
volcar en su Sagrado Corazón todos nuestros afanes y
sufrimientos, y recibir su gracia para sobrellevarlos. Una hora en
definitiva, para agradecer su sacrificio y aprender de El.
Fuente: Cofradía de la Pasión.
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