Recuerdo cuando un buen día, Ángel Peña me llamó y me dijo que contaba conmigo para levantar de nuevo la Semana Santa en la calle. Era lo que yo siempre había soñado. Pero tenemos un problema, me dijo, Don Gabriel, el párroco, no está muy de acuerdo, ¿por qué no vamos a visitar a Don Miguel Salas, a ver si él lo convence puesto que lo conoce y es amigo suyo? Efectivamente, Don Miguel Salas habló con él pero no hubo suerte en esta ocasión.

Entre estas y otras cosas nos enfriamos un poco, y aunque teníamos más de 200 personas en la lista; mecánicos, carpinteros, costaleros y colaboradores a nuestra disposición para montar los tronos, no se pudo hacer.

Con la Banda de Tambores y Cornetas, tampoco teníamos problema, puesto que la Cofradía del Sr. del Consuelo, nos dejó los instrumentos, y para enseñar a los críos contábamos con Ángel.

Un domingo, al salir de misa de 11:30 reunimos a las 18 personas que iban a ser el eje de la hoy Cofradía, se puso al veterano Ramón Galera al frente, puesto que estuvo en el Sr. del Consuelo y San José Obrero de mayordomo y tenía cierta experiencia. Nos dejaron para las reuniones el salón donde posteriormente estuvo el casino, en la cuesta de la Corredera, y un domingo en una de las reuniones vimos a Rafael Vázquez hablar en la corredera con el párroco, nosotros deseando saber que noticias traía le preguntamos al llegar, y nada, Don Gabriel le dijo que sin estatutos no podíamos sacar las procesiones, teníamos quehacer estos estatutos y entonces saldrían las procesiones a la calle, se calculó dos o tres años, nosotros no podíamos esperar tanto.

Después de ello decidimos presionar un poco a Don Gabriel, creo que a partir de ese momento nos dio un poco de luz, nos dijo que tendríamos que contar con el Consejo Pastoral, puesto que era una decisión importante. En el Consejo estaban todos de acuerdo, excepto, uno o dos, pero con el apoyo de Don Juan Martínez Ortega, prosperó nuestra petición.

Recuerdo que al terminar aquel Consejo, Cesáreo Gómez, me dio la noticia de que habían votado a favor nuestro. Rápidamente lo comenté con todos y esa misma noche fue Don Gabriel el que me confirmó la noticia de que tendríamos de nuevo Semana Santa, pero que sería muy sencilla, sin tronos, ni túnicas, yo le contesté, “pero cómo vamos a sacar al Nazareno en unas simples andas, daría con la cruz en el suelo”. Se lo comenté a Ramón y me dijo, “tu tranquilo que nosotros sacaremos la procesiones con tronos y túnicas”.

Y así fue como nos pusimos a trabajar, y en el 1988 fue cuando salieron nuestra imágenes a la calle. No se me olvidará la alegría de Don Gabriel, el párroco, aplaudiendo en varios puntos del recorrido, el paso de Nuestro Padre Jesús, ni los ánimos de Don José Madrid que nos hicieron llorar a todos al entrar la imagen del Nazareno a la Iglesia de San Francisco. El resto ya lo han ido conociendo, año tras año, hasta llegar al día de hoy.

Dedico este pequeño recuerdo a dos de los primeros componentes del grupo, que ya no están con nosotros, José Antonio Fernández Jorquera y Ceferino Aibar “Chinchín”.

Texto: Dimas Alvarado Moreno.




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