Sobre las cinco de la tarde del Viernes Santo, varios individuos de la ‘judea’, que así llamaban a los penitentes, desde diversos puntos del pueblo, al ruido seco de las carracas, convocaban a los vecinos al sermón y paso del ‘desenclavamiento’, que tenía lugar en la parroquia.

Mientras se realizaba el descendimiento de Cristo de la cruz y se colocaba en el sepulcro, un sacerdote hacía de cronista y, a intervalos, se cantaban salmos y lastimeras endechas, alternando coro y pueblo. Seguidamente se procedía a la procesión del Santo Entierro, que, presidida por los dos cabildos, civil y eclesiástico, discurría, en medio de un impresionante y religioso silencio, hasta la ermita del Santo Cristo, donde quedaba depositada la urna con la imagen del Señor muerto.

Cerraban la puerta con aparato ceremonial y, junto a ella, en la calle quedaba una guardia de cuatro soldados romanos que se relevaban, de tiempo en tiempo, custodiando el sepulcro.

Texto: D. Rufino Almansa Tallante, Prb e Historiador.




Castillo Lastrucci

Desplazar hacia abajo
© Copyright 2008-2009 FJGG Internet S.L.U