La noticia escrita más antigua que me ha llegado acerca de una procesión de Semana Santa en Cazorla, se remonta al primer cuarto del siglo XVI, y se encuentra en Crónica de la Santa Provincia de Granada, de la Regular Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, del P. Alonso de Torres.

Recoge esta Crónica la historia de las fundaciones franciscanas, tanto masculinas como femeninas, llevadas a cabo en la expresada provincia religiosa, desde los comienzos de la Orden hasta bien entrado el siglo XVII, ofreciendo, asimismo, una amplia relación biográfica de los miembros que más se distinguieron en estas casas por su santidad de vida o por su sabiduría.

Encontramos allí, por tanto, los orígenes de nuestro convento de San Francisco y del primer monasterio cazorleño de monjas de Santa Clara, en la ermita de la Vera-Cruz, donde permanecieron las religiosas hasta el 1525, en que se trasladaron al nuevo edificio de San Juan de la Penitencia, que mandó construir a sus expensas el adelantado D. García de Villarroel, sobrino del Cardenal Cisneros.

Entre las religiosas que profesaron en el primer monasterio, ilustres por la ejemplaridad de su vida, figura Sor Paulina Muñoz, natural de Cazorla, muerta en olor de santidad en 1590, cuyas virtudes, abnegación y alto grado de oración transcendieron los límites de la clausura y era proverbial que el Señor la distinguía con mercedes extraordinarias y visiones sobrenaturales, así, nos dice el P. Torres que, ‘pasando un día de Resurrección la procesión solemne de Jesucristo Resucitado y su Madre Santísima, vio unos ángeles que, en forma de niños, iban celebrando a su Creador’.

Esta experiencia mística debió ocurrir estando todavía la religiosa en el monasterio de la Santa Vera-Cruz, ya que de su iglesia salía la procesión del Señor Resucitado y en la gran explanada que le precedía, conocida entonces como ‘La Carrera’, hoy Paseo del Santo Cristo, se desarrollaba el ‘Misterio de la Gloriosa Resurrección del Señor’, con una liturgia todavía medieval, que daba comienzo al caer la tarde del Viernes Santo, con el orden que próximamente expondremos.

Texto: D. Rufino Almansa Tallante, Prb e Historiador.




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