Siempre me parecido que la noche del jueves Santo es una noche mágica. Hay otras noches que nos recuerdan igualmente otras cuestiones transcendentes, pero para mi esta es especial. Me refiero a la relación íntima y personal que se establece entre cada uno de los fieles que acuden al Sagrario y el mismo Dios.

La relación se desenvuelve entre el Todo Poderoso y la criatura creada, pero también existe otra relación más cercana y directa, que es la que se establece entre padre e hijo. Aquí, el hijo va desgranando penas, alegrías, sentimientos, nostalgias, recuerdos viejos y acontecimientos vividos, actuales, inmediatos. Me imagino al Padre, mansamente escuchando la historia de la vida del hijo.

Nos enseñaron que Dios está en todas partes, pero aquí, parece que escuchas el latido de su gran corazón. No hay ruidos que distorsiones las ondas, ni distancias para falsear las perspectivas. Sólo tu postura anhelante, tu humildad y tu amor ante Dios, hacen de este tiempo inigualable, sin fronteras, sin estorbos, tiempo que roza la eternidad.

Mucho mejor que mis torpes palabras, lo refleja el potente sentimiento de un poeta anónimo, que sin duda supo captar el momento que yo he pretendido reflejar.

Sólo contigo cuando solo estás
Ambicioso de ti, sólo contigo,
Quiero decirte a solas sin testigos,
¿qué te daré Señor por cuanto das?

Sólo contigo sólo te amo más,
Porque estando Señor sólo contigo,
Sólo tu escucharás lo que te digo
Todo tu para mí sólo serás.

Y así, de tu presencia mi fe cierta,
Yo percibo tu voz divina y grave,
¿qué importa que la puerta no esté abierta
si ante ella hay un alma que te alabe?
Si ha podido tu amor más que la puerta
Y ha podido mi fe más que la llave.

Si cada persona estableciera es relación con su Dios, séale que sea, puesto que al final es el mismo, si cada uno de nosotros se sentara ante el Sagrario, en la hierba, mirando el horizonte o en la intimidad de su habitación, estoy seguro que se derrumbarían las barreras que separan los pueblos, finalizarían las guerras que dividen y matan, los rencores y odios que truncan la vida, las injusticias que separan mundos dentro del mundo de todos, el sufrimiento de los niños, la tragedia de las mujeres maltratadas, el hambre del pobre y el orgullo sin piedad del poderoso.

Noche del Jueves Santo, noche de infinito amor y de infinita ternura. Noche de puertas abiertas, de tender la mano, de derribar murallas, de hermandad, de unidad. Hagamos uno Jueves Santo intemporal y eterno, pero a la vez cotidiano, mirando cada uno a su Dios desde cualquier rincón de nuestra breve existencia.

Cazorla en 2004.




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