Va para un año que pasó el Viernes Santo, las Túnicas reposan en los roperos de nuestras casas, rendidas de tanto trajín, en esa mañana madrugadora en la que Cazorla es Calvario al paso de su Nazareno.
Ya quedaron bien guardados los enseres que conforman la Procesión...Ya quedó sólo el Nazareno en su templo de San Francisco con nuestro muy querido Patrón “Señor del Consuelo”; y digo solo pues cierto es que nunca le falta un puñado de devotos que en su angustia de tanta miseria humana piden y piden; ¡siempre pedimos! Pero, ¿cuándo damos las gracias?, ¿dónde estamos los que tumultuosamente le rodeamos el Viernes Santo?. No quedan quizás unos minutos a la semana para estar con El. ¿No es lo lógico de unos apasionados cristianos de Semana Santa, participar como tales en la eucaristía tras haber sido absueltos con el Sacramento de la Penitencia?.

Nos espera, no a todos juntos como en el Viernes Santo, cada uno cuando pueda, a pedirle y darle gracias, a contarle nuestras inquietudes y nuestros proyectos; eso también es orar, ese diálogo con el Padre que el hacía en sus retiros en las tierras de Palestina.

Seamos consecuentes con nuestra responsabilidad al Ser Nazarenos. Ello implica no dejarle sólo durante el año, el Nazareno, nuestro Nazareno nos espera...

Cazorla, Marzo de 1992.




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